Huir

Foto realizada por David Massanet

“Cuando huí de casa despavorida por su reacción, no podía imaginar que esas dunas situadas al final de la playa iban a servirme de escondite y permitirme, al resguardarme entre ellas, ver lo que vi; vivir lo que viví.

Llevaba horas sentada en la arena llorando, dando vueltas a esa pesadilla en forma de espiral que me asfixiaba, la noche se había echado encima, la humedad también y hacía frío, pero yo no recuperaba fuerzas ni para levantarme; tenía miedo, el cuerpo dolorido y el alma rota. Irme de allí… ¿volver a casa?

De pronto, no sé en qué preciso momento, el mar se agitó levemente. Llegó una oscura embarcación que apenas se vislumbraba debido a una tenue luz reflejada en el agua y percibí el ruido de un motor poco ruidoso. Rodearon unas rocas a unos metros de donde yo me encontraba, buscaron el lugar más apartado y pararon el motor. Sin más contemplaciones, comenzaron a bajar personas que caminando con sus ropas mojadas, como zombis por la playa, empezaron a alejarse en diferentes direcciones. Pude distinguir alguna cara asustada, gestos de miedo y dolor.

Valientes para huir sin conocer lo que les deparara el camino desconocido… Me levanté como un resorte y me puse a correr con ellos. Pasó a mi lado un hombre solo que, con dificultad, tiraba de una niña pequeña y llevaba a un bebé en brazos. Me acerqué corriendo; nos miramos en la oscuridad desgarrando nuestra retina. Agarré a la cría de la mano, que me la apretó de inmediato y la miré con dulzura. Me uní a su peligroso caminar. Cualquier destino que les esperara era mejor que el mío.” (C) Paloma Alonso González-Ruano

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