Un invierno y una cuestión de segundos (Relato)

“Un invierno y una cuestión de segundos"

Sucedido a las 17:00 horas de una tarde heladora.

Voy caminando... ¡Qué frío hace! Hoy nace el invierno. Su presencia se hace notar. Doy dos vueltas a mi bufanda de lana, me aprieto los guantes... Las bajas temperaturas no me impedirán empezar a correr en cuanto pase estas calles urbanas y alcance el parque de las afueras. Entonces me sobra todo. La bufanda la ataré a la cintura y los guantes al bolsillo. Me paro en la acera ante el semáforo en rojo para peatones.

Gran avenida empinada. Dos direcciones con varios carriles.
Van parando coches a mi izquierda. En inesperada ráfaga visual, me parece ver llegar y frenar en segunda fila, a su coche. Tontería. De hecho, como su coche hay a decenas. Un Opel Equis. Este es del mismo color que el suyo. Pero no, de ser ella, habría dado un bocinazo o me hubiera dicho algo con un gesto desde la ventanilla; estábamos a pocos metros de distancia. Semáforo en verde. Cruzo despacio y, lógicamente, andando delante de donde está parado el coche que me ha traído el suyo al pensamiento.

¿Ha sido Intuición, no más? Lo que fuere.

En el centro de la gran avenida, un amplio espacio nos hace esperar a los peatones para cruzar al otro lado. En cuestión de segundos, mientras espero, instintivamente me doy la vuelta y, conscientemente dirijo la mirada hacia ese coche que me inquietó al frenar tan cerca. En línea recta, la veo al volante. Misma línea recta para verme con más visibilidad desde su posición; yo estaba de pie. ¡Qué gran pena he sentido adivinando esa mirada escondida!

El semáforo da paso a los peatones. Cruzo mientras ella arranca en el carril contrario, desapareciendo rápido y entrando hacia un parking situado a pocos metros del lugar.
Y al alejarse en su coche, la vi tan pequeñita...

Si no lo veo, no lo creo. Pero lo he visto y aunque no quiera creerlo, ha sucedido. Un mes sin vernos. Si no contamos hoy.
Un mes desde que dijo, insistió y repitió: "Aquí no va a cambiar nada." De momento ha cambiado su forma de saludarme.
"No va a cambiar nada; seguiremos siendo amigos, muy amigos”, dijo cuando se fue. Sin saber, al abandonarme, que la que iba a cambiar era ella.
Debe ser el invierno; este frío, que hiela el cerebro y nubla la vista...”

(C) Paloma Alonso González-Ruano

1 Comment

  • Reply Jack 22 enero, 2018 at 1:30 pm

    Otra muestra de que la prosa es nuestro mejor blindaje contra tantas cosas…el gris, el frio, el silencio, el anonimato, la desidia, lla luz menguante…

    ME ha encantado, Paloma…

  • Leave a Reply

    Uso de cookies

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

    Aviso de cookies